Insultos al vacio

Una historia más de Gandhi: otro de sus mejores discípulos, quien después de haber sido su agresor había recibido una importante lección del maestro, decidió propagar las bondades del pensamiento de su líder el resto de su vida.

En efecto, solía contar a sus amigos la lección aprendida sobre el perdón; no obstante, con Gandhi se había ejercitado para expresarse con alegorías, y de este modo, cuando al discípulo le preguntaban cómo hacía para no reaccionar de manera violenta ante las agresiones y a las presiones, reunía a sus seguidores y los llevaba a un cementerio.

Allí, en ese sombrío lugar, les pedía que gritaran al aire, con todas las fuerzas de sus pulmones, cualquier clase de insultos y agravios a los muertos. Luego de hacerlo, les indicaba que gritaran asimismo toda clase de halagos y de felicitaciones. Era muy divertido ver en el camposanto a todos aquellos hombres y mujeres que parecían un grupo de locos.

Luego se sentaban y el hombre, mirando hacia las lápidas de mármol, les decía:

—Parece que es necesario aprender de los muertos. Como ellos, hay que ser indiferentes tanto a las ofensas como a los elogios. De esa indiferencia pueden florecer otras virtudes como la bondad y la comprensión.

Gandhi siempre fue fiel a este precepto mientras recibía insultos y luego elogios de los ingleses. ¿Sabías que de esta conducta nació la “resistencia pacífica” con la cual pudo independizarse su país?

¿Qué sería de nuestras vidas si siguiéramos esa potente y sencilla filosofía?


LCEDLV2 pág 48

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